Resultados, no “paja”

Benjamín Cuéllar

El día de los santos inocentes se adelantó en El Salvador. Donde se celebra en el mundo, la fecha en que se celebra es el 28 de diciembre. Ni antes ni después. Pero acá, según parece, comenzó a conmemorarse por adelantado. Y sus pregoneros son dos exguerrilleros a los que alguna gente, antes, no dejaba de tenerles cierto respeto. Pero ahora que se han dedicado cual “palabreros” a “encantar serpientes”, ya no; podrán provocar cualquier otra cosa –risa, lástima o rechazo, quizás– menos respeto. Eso no es algo que se saca de la manga. Es, más bien, la evidente conclusión a la que se llega luego de leer la cantidad de comentarios que en los medios se hacen a las declaraciones de Benito Lara y Eugenio Chicas, cuando ambos presumen “grandes logros” oficiales en materia de seguridad ciudadana.

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No faltará quien diga: “Calladitos se ven más bonitos”. Pero en este caso, ni eso. “No aplica”, como suelen advertir. Artificios discursivos mal montados, son los que estos dos “altos” funcionarios pretenden que la gente les compre así nomás y sin chistar; lo que antes criticaba ambos con razón y con pasión, hoy lo intentan justificar haciendo un chocante “papelón”.  Y es que realmente ofende que le digan a una población mayoritaria, abatida por la muerte violenta y las extorsiones, que dentro de poco El Salvador volverá a ser un país “tranquilo” y “seguro”. Bueno, cabe preguntar, ¿y cuándo lo fue? ¿Será que están de acuerdo con aquellas mentes que “nostalgian”, así dice Benedetti, los tiempos dictatoriales del general Maximiliano Hernández Martínez?

De igual forma es poco serio asegurar, sin moderación alguna, que este año es cuando más se ha golpeado al crimen organizado. ¡Por favor! Si es cierto, ¿dónde están los indicadores para medir objetivamente eso y cuáles son los resultados para hacer una evaluación seria al respecto? Si no se respalda con información seria y confiable, lo que están haciendo es lo que hicieron los otros gobiernos durante todos los años transcurridos –casi veinticuatro– después de la guerra: hablar pura y dura “paja”. Y eso, hay que decirlo con todas sus letras como el gran Discépolo en su memorable tango “Cambalache”, es una falta de respeto y un atropello a la razón. Tal vez más que eso: es una burla descarada, un absoluto agravio a quienes sufren a diario el azote de la delincuencia y la inseguridad que la misma produce.

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Pero, ¡aleluya!, hay que creer con fe ciega lo que dicen allá en las alturas y no fijarse cuánto se incrementaron las víctimas asesinadas a lo largo de este 2015 en plena agonía; hay que hacerse de la vista gorda ante las ejecuciones que producen los sicarios de un lado y del otro; hay que asumir como parte del presupuesto individual, familiar y empresarial, el pago de todas las “rentas”… En fin, hay que tener fe y pensar que lo expresado por el ministro Lara y por Chicas –vocero presidencial– son los buenos deseos o los propósitos del actual Gobierno para los próximos doce meses.

Pero podrían hacer algo más que soñar despiertos o pretender tapar el sol con un dedo. Podrían, por ejemplo, dejar de repetir lo que es una de las herencias que esta administración del Órgano Ejecutivo recibió y mantiene de las anteriores. “Los padres son responsables de lo que sus hijos ven”, continúa advirtiendo el Ministerio de Gobernación antes de iniciar un programa de lo que sea en los canales de televisión “abierta”. En lugar de eso, deberían procurar que se deje de exhibir –película tras película– lo que por la de “cable” se mira y escucha en el llamado “Cinema dinamita”: sexo explícito, narcotraficantes convertidos en “íconos” y balaceras, una tras otra a diestra y siniestra con el reguero de cadáveres por todos lados. También se ve en otros canales, pero este es el que se lleva el primer sitio.

¿Cómo echarle oficialmente la responsabilidad de que niños, niñas y adolescentes vean semejantes “espectáculos”, a sus padres y madres que andan trabajando o buscando trabajo, que se fueron del país a “rebuscarse” allá en “el norte” o que partieron de este mundo, víctimas de la muerte lenta o de la muerte violenta? Eso es culpar a quienes dejan a sus hijos e hijas encerrados entre cuatro paredes, para evitar que algo malo les ocurra fuera.

Desde hace ratos deberían haber visto qué hacer, desde el Gobierno, para adecentar los malsanos contenidos televisivos o de plano erradicarlos. Si “patalean” quienes se lucran con estos negocios, llamen a sumar fuerzas a las voces que ahora se llenan la boca pronunciándose contra la corrupción; que no sean “sepulcros blanqueados” y que se lancen con igual ímpetu, junto a las autoridades estatales, en la lucha por evitar que se sigan corrompiendo las mentes y las almas de niñas, niños y adolescentes.

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Esto es solo un ejemplo de algo práctico que se tendría que hacer con urgencia y contundencia. También habría que tener el valor necesario para enfrentar otro grave problema: el de las cientos de miles de armas de fuego que hay diseminadas por todo el país, sabiendo que la mayor parte de los asesinatos se cometen precisamente con esos instrumentos de muerte. ¿Por qué no empiezan por retirar las que son portadas ilegalmente y se impone una veda a la venta de otras más?

Hay mucho por hacer y el tiempo se le va acortando al Gobierno del “buen vivir”. Ya está por culminar una tercera parte de su período. Bueno, eso si no hubiesen elecciones en el horizonte. Pero las hay y seguidas, en el 2018 y el 2019, con sus consiguientes campañas  inmensamente caras, rebosantes de demagogia y adelantadísimas. Siendo “bien pensados”, en ese escenario y en “tiempo real”, quizás solo resta el 2016 para hacer algo en serio. Así que, para  comenzar a salir de este “mal morir” en el que se debate tanta gente, no queda otra que exigir más resultados y menos “paja”. No solo al Ejecutivo. ¡A todo el aparato estatal!

 

Si no, aténganse a las consecuencias. Bien dice Lanssiers que “quien vive de la esperanza, muere en ayunas, y los Padres de la Patria tendrían que percatarse de lo obvio: cuando el pueblo pierde la ilusión de poder cambiar las cosas a largo plazo, tiene la tentación de cambiarlas de inmediato”.

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